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miércoles, 12 de marzo de 2014

Hoy de desayuno tenemos: café, tostada y tímpano perforado



Hay días buenos, hay días malos.....y hay días raros. Muy raros. Agridulces, desesperantes, como dice un amigo, tipo Dragon Khan... Hoy es uno de esos días raros. Se junta todo, lo bueno, lo malo y lo regular. La intensidad llega a resultar tóxica para la mente. Tomarme los problemas como retos suele ser mi máxima, y en días como hoy menos mal...



Lo más asombroso de lo que llevo de día me ha pasado esta mañana. Estaba desayunando en el bar al que voy todas las mañanas desde hace seis semanas, que se ha convertido en mi pequeño despacho matutino, mientras esperaba que mi madre saliera de su sesión diaria de radioterapia.  Ahí estaba yo enfrascada con mis plannings multitasking cuando ha entrado una pareja de veintialgunos ella, treintaypocos él.
Él se ha sentado y ella ha salido a hablar por el móvil a la terraza. He levantado la cabeza brevemente, como acto reflejo, y me he vuelto a sumergir en mi mundo. De repente una risa aguda y estridente a perforado desagradablemente mis tímpanos y mi ajetreado cerebro. BarbieSuperestar había acabado su interesante conferencia y se había instalado junto a su Ken en la mesa de al lado. De nuevo levanto la cabeza y los miro, me miraban de reojo y ella ha continuado su risa, sintiéndose estupendísima. ¿Se están riendo de mí, acaso? No seas neuras, me he dicho. Vuelvo a lo mío. Pero la banda sonora sigue. Qué taladro. Acabo con los plannings y paso al preciado momento sudoku. Al acabarlo he salido a la terraza a fumar, al pasar he notado como atravesaban todo mi ser los rayos X de sus miradas, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Al volver a entrar me he parado a pedirle a mi querida María un vasito de agua. Al estar de espaldas a los estupendos, las risas han sido aún más estridentes. Esta chica no está bien, me he dicho. Impasible, me he sentado en mi mesa y he vuelto a mis asuntos. Pero la risa ha parado de golpe. Al cabo de dos minutos ha venido a mi mesa María (la dueña del bar)a tomarse su desayuno conmigo y me dice: "cuando me has pedido el vaso de agua los dos tontos estos te han pegado un repaso de arriba a bajo y se han reído de tí. Y les he lanzado una mirada asesina, que les he dicho tó. Faltaría más. A mi casa van a venir a faltar al respeto a mis clientes." Le he respondido: "Muchas gracias, María. La educación brilla por su ausencia." y hemos empezado una divertida charla como si fuéramos amigas de toda la vida.

Al poco se han ido, con sus pelos rubios y sus extensiones, su maquillaje perfectamente aplicado y sus cerebros de mosquito. Sus aires de divos y su chirriante ausencia de educación y respeto.

Yo iba con mi moño "en lo alto" (como dicen aquí), de me-tocaba-lavarme-el-pelo-ayer, zapato cómodo, ralla negra de ojos pintada a la luz de un semáforo rojo, chaqueta con agujerito en la espalda de un enganchón que me hice hace tres días del que no me había vuelto a acordar ni por asomo hasta que estaba de espaldas a los fantásticos pidiendo el vaso de agua (que entonces notaba cual cartel de neón parpadeante), mis ojeras estupendas y mi sonrisa de la-vida-no-me-derrota-ni-de-coña. En realidad no iba mal vestida, sino bastante mona de hecho, tampoco iba en plan desastre total: tejanos, camiseta blanca de hilo, chaqueta de punto gris y pañuelo hippy al cuello.
Sé que muchos días no voy de punta en blanco, perfecta, o lo que es lo mismo soy madre separada, pero me encanta esa libertad de no necesitar obsesivamente ir de puesta de largo 24h al día, soy hippylongui-me-pongo-lo-que-me-plazca.
Porque yo sí soy mucho más que cuatro prendas de ropa planchada y un manojo de extensiones baratas. Y el día o en la ocasión que me arreglo, me pongo mis taconazos, me encanta y también sé ir estupenda (habrá que echarle un poco de humor....).
Porque soy así porque QUIERO, me gusta ser así.  Simplemente estoy a gusto conmigo misma. Y sí voy con la ropa sin planchar pero siempre estoy radiante y con una sonrisa en la cara, para mí y para el que la quiera. Creo que es mucho más valioso. Y sobretodo tengo educación y respeto hacia los demás.

Pero la reflexión real va mucho más allá: sólo por mirarme diez segundos se han creído con derecho y capacidad de juzgarme, a mí o mi aspecto o qué sé yo, sin pararse a pensar cómo me podría sentir yo, por que no han disimulado ni media, y realmente detrás (bueno mas bien debajo) de mi moño, hay un gran depósito de preocupaciones y de problemas graves... No es que estuviéramos en una discoteca y fuera una pelea de gatas.
Me pregunto... si hubieran sabido el porqué yo estaba en ese bar, la situación que hay detrás, si mi madre con su aspecto demacrado hubiese entrado por la puerta y me hubiese contado su sesión de radioterapia, hubieran actuado igual. O la reacción al darse cuenta.
Menos mal que hace mucho tiempo que este tipo de cosas y personas no me afectan lo más mínimo, por que sino sé que me hubiese dolido. Hoy simplemente me he quedado perpleja de encontrar gente tan tonta siendo tan mayorcita ya.

Y por otra parte me ha encantado la reacción de María, el cariño que ha mostrado hacia mí. Ella sí sabe porqué yo voy allí todos los días, a ella sí le regalo todos los días mi mejor sonrisa, unos cuántos "muchas gracias" y un poquito de mi cariño... Es una persona entrañable que prepara unos desayunos que saben a gloria. La parte positiva (y la mejor) es que hoy hemos hablado mucho más que de costumbre, y de cosas más personales. Se ha esforzado en hacerme sentir bien, muy bien. Y de que no me afectara. Así que estoy agradecida de lo que ha pasado. Me he dado cuenta de lo orgullosa que estoy de ser como soy, de ser especial, o diferente, profunda (aunque sea un poco) y de cultivar el espíritu antes que las pestañas postizas y los tuppés engominados.

Qué gran diferencia puede existir entre las personas, qué energías tan distintas, cuánto frío pueden dar unos y calor otros. Supongo que para que puedan existir los segundos ha de haber algunos de los primeros, tristemente... Y qué delicia es encontrar a personas especiales, guiños de la vida que me encantan...

Ha sido un pequeño episodio sin importancia pero que me ha hecho reflexionar...


ACTUALIZACIÓN tres días después: quizá se haya aclarado el quit de cuestión, no estoy muy segura, pero eso me han contado esta mañana. En el bar, el otro día, estaba tomando un café una conocida de María, que tenía vista panorámica sobre las dos mesas. Hoy he sabido que ayer, María habló con esta señora y le contó que vió que mientras Barbie estaba fuera hablando por teléfono, el Ken no paraba de mirarme... y Barbie miraba a Ken mirarme a mí... he ahí la cosa nostra.... Inseguridad y celillos (totalmente absurdos). Esto sí que no me lo esperaba... Al final va a resultar que mi moño despeinado tiene encanto....jajaja.